El Código Sagrado del Tarot

Muchos estudiosos han intentado develar el misterioso origen del Tarot, sin llegar en realidad a conocer cuándo ni por qué los primeros mazos de cartas hicieron su aparición en el mundo. En general se cree que el origen de este juego sagrado se remonta a los días en los que los sacerdotes egipcios, preocupados ante la posibili­dad de que sus sabios conocimientos fuesen utilizados por seres ines­crupulosos, tomaron la decisión de plasmar en dibujos emblemáticos pintados en cuero o papiro el contenido profundo de su filosofía, para ponerla al resguardo de los no iniciados. Siguiendo esta misma línea de pensamiento otros estudiosos afirman que el Tarot fue un legado emblemático donado a los alquimistas por el célebre Hermes Trimegisto -fundador de las doctrinas herméticas- con la intención de que el conocimiento fuese custodiado, descifrado y comprendido únicamente por los intérpretes capacitados en los secretos de la adivinación y el ocultismo.

Sin embargo no es sencillo determinar cuál de estas versiones es la correcta, ya que la mezcla de símbolos egipcios, sánscritos, hebraicos y cristianos que conviven en la representación de cada arcano son en verdad numerosos. Lo que no puede negarse bajo ningún punto de vis­ta es el estrecho vínculo entre el Tarot y la Cábala judaica, ya que los Arcanos Mayores del Tarot son 22, al igual que las letras del alfabeto hebreo.

Lo curioso es la permanencia del Tarot a lo largo del tiempo, pese a las mutaciones que sufrieron sus figuras al ser representadas por diver­sas culturas. Por qué el secreto de las cartas no se perdió y cómo llegó a convertirse en un método de adivinación medianamente masivo es también una incógnita que nadie está por completo en condiciones de responder, ya que desde un punto de vista objetivo las posibilidades de que este conocimiento se perdiera fueron siempre muy grandes.

En esta difusión a veces indiscriminada del Tarot, el sentido profun­do del juego nunca llegó a borrarse por completo, pese a que en ciertos momentos históricos fue considerado más como un juego de salón que como un medio para entrar en contacto con la voz de la divinidad.

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